jueves, 22 de diciembre de 2011

CRISIS: PARETO Y EL 20%



EL PRINCIPIO DE PARETO: REGLA DEL 80/20


¿Podemos aplicar a la economía doméstica los principios de la macroeconomía? ¿Y viceversa?

Yo creo que sí. 

Decía mi abuelo respecto a su empresa, que a veces hay que perder una peseta para ganar un duro. Eso se llama invertir en beneficio futuro. Los países invierten en educación, y consiguen trabajadores, científicos, profesionales y empresarios más capacitados para aumentar la riqueza del país en el futuro, y se ahorran tener que importarlos.



Si administrar una casa pasa por asegurar los gastos fijos, prever los imprevistos, tener un fondo de emergencias por si algo se tuerce, y no gastar más de lo que se gana, administrar un país (administrarlo bien, se entiende) no puede ser muy diferente. A fin de cuentas, la economía no se puede alejar mucho de la aritmética, y está claro que de donde no hay, no se puede sacar.

Habría mucho que hablar respecto a macroeconomías mal administradas, pero nuestro objetivo hoy es el caso contrario: aplicar principios de macroeconomía a nuestra vida diaria.

Y también se puede. Hay un principio de economía que siempre me ha resultado muy curioso en su planteamiento inicial: el principio de Pareto.

Pareto fue un economista italiano que a principios del siglo xx afirmó, previo estudio, que aproximadamente el 80% de la tierra estaba en manos de alrededor de un 20% de la población. Y extrapoló esa observación a otros campos: el 80% de la riqueza está en manos del 20% de la población, el 80% de las ventas de una empresa proceden del 20% de los clientes, etc.

Y ahora, nosotras vamos a extrapolar esta regla del 80/20 a nuestra vida, que es de lo que se trata.

Empezamos, como no, por el armario. Sí, sí, el armario ropero, ese que no cierra bien ni empujando la ropa, pero, ¡oh, sorpresa! nunca tienes nada que ponerte. 


Armario portátil de Barbie... ¡quién pudiera!


Entonces, ¿qué pasa? Simple: el principio de Pareto. El 80% del tiempo te pones el 20% de tu ropa. Es decir, un 80% de la ropa que llena tu armario te la pones un 20% de las veces.

Cierto que necesitas tener ropa para hacer deporte, ropa para limpiar en casa, ropa de ceremonia (aunque cada vez que tienes una boda, tengas que salir corriendo a comprarte un vestido decente)... pero seamos realistas, la mayor parte de ese 80% de ropa que te pones con poquísima frecuencia entra en la categoría “paraporsi”: para por si adelgazas, o engordas, o vuelve la moda de los abrigos de imitación leopardo color pistacho, o  tienes que ponerte a pintar alguna pared, o Brad Pitt te invita a cenar...

Y mientras tanto, toda esa ropa sigue ocupando tu armario y costándote dinero.

Sí, lo digo en serio: ocupa espacio, y el espacio cuesta dinero; estorba a la ropa que realmente usas, no te deja ver con claridad qué es lo que de verdad tienes que te puedas poner, y acabas comprándote cosas casi repetidas ¡y no me digas que no!

Ocupa tiempo, que también cuesta dinero; porque en arreglar tu armario tal como está tardas muchísimo más que si estuviera medio vacío, por no hablar de los veinte intentos que has hecho de organizarlo de forma “racional”, las cajas, colgadores, separadores de cajón... más dinero y más tiempo.

Imagina que pudieras tener en tu armario solo ese 20% de ropa que usas con más frecuencia, y el resto en otro armario. Algunas afortunadas ya disponen de tan maravilloso sistema, pero la mayoría (el 80% por lo menos) tenemos que conformarnos con un armario, y aún gracias si no es compartido.

Bien, ahora que ya conocemos el objetivo, vamos a ponernos a trabajar: haz una lista de la ropa que te has puesto esta semana, y la semana pasada (o la próxima, si tu memoria se parece a la mía y no tienes ni la más remota idea de lo que te pusiste hace cuatro días); incluye zapatos y bolsos.

¿Verdad que se repiten muchas cosas? Para hacerlo realmente bien, deberíamos hacer una lista de todo un mes, pero para lo que nos proponemos, quizás no sea tan necesario. No se trata de que tires la ropa que te pones poco, sino solo de que identifiques cual es, y la relegues en lo posible a lugares donde moleste menos.

Deja más a mano la ropa que te pones con más frecuencia, y plantéate seriamente deshacerte (regalar, donar, vender en ebay, tirar a la basura) de la ropa que no te has puesto ni media vez en los últimos dos años. Vale, puedes guardar ese bolso de noche carísimo que solo llevas en ocasiones superespeciales, aunque no hayas puesto la pata en una fiesta en tres años. Pero el vestido ese que tienes guardado... carísimo, sí, y es una pena, sí, pero ¿tú estás segura de que te lo vas a volver a poner? ¿entras en él sin vaselina? ¿sigue estando de moda después de tanto tiempo?

Ahora que ya tienes más claro qué es lo que realmente usas, automáticamente sabes ya en qué debes invertir para renovar tu vestuario. Gastar más dinero en ese 20% de ropa que te vas a poner más es la mejor táctica, la amortizarás muy pronto, y tendrás garantías de que esa renovación se note. Porque, ¿de qué te sirve gastar una fortuna en ropa nueva que luego no te pones? al final sigues llevando la misma ropa vieja, y el gasto no te ha servido para nada, excepto para tener aún más dificultades para cerrar las puertas del armario.

Otra ventaja de la aplicación del dichoso principio de Pareto, para que luego digan que las matemáticas no sirven para nada... lo que pasa es que no nos explican para qué nos pueden servir en la vida real.

¿Que tú no tienes problemas para cerrar el armario? No sabes cuanto me alegro... Y no piensas renovar ningún vestuario porque la crisis no te lo permite... bueno, de eso no me alegro. Pero el principio de Pareto vuelve a ser útil para enfrentarse a la crisis. 



El loro... sin chocolate.
Fotografía de Luc Viatour: www.Lucnix.be
© Luc Viatour (CC BY-SA 3.0)


¿Te suena la frase “el chocolate del loro”? pues es la visión popular del mismo principio. Hay que ahorrar en las cosas que realmente suponen una parte considerable del gasto, no en las menudencias. Ojo, que esto no significa que te puedas pasar las tardes en los chinos comprando de todo a un euro, ¿eh? se trata de valorar si el esfuerzo lo dedicas a ahorrar céntimos o euros.

Para empezar, analicemos la lista de la compra. Con el ticket, por favor; la lista que hiciste antes de ir al super no vale, que ya sabemos que luego la realidad no tiene nada que ver, además, el ticket trae los precios.  Probablemente vuelvas a encontrarte la regla del 80/20; en este caso, un 80% del gasto corresponderá al 20% de los productos. 

Céntrate en ahorrar en esos productos precisamente, y sobre todo en los que pasen de 10 euros. 

Si consigues bajar un 10% el gasto, mejor que sea en la carne, que te ha salido en total por 25 euros, con lo cual te ahorras 2,5€, que en la mantequilla, que te costó 2 euros y solo ahorras 20 céntimos. 

Dedica tu tiempo y tu esfuerzo a las cosas que realmente van a marcar una diferencia en el resultado final, no te disperses en menudencias sin importancia, que vienen siendo el famoso chocolate del loro.














Aviso legal: La imagen de billetes de euro es propiedad de Rage Against, de libre distribución y obtenida en Wikipedia; dicha imagen representa un billete emitido por el Banco Central Europeo (BCE). Este diseño se encuentra registrado por el BCE, quien permite su uso condicionalmente a las Decisiones BCE/2003/4 y BCE/2003/5 de 20 de marzo de 2003 y, "en anuncios publicitarios o ilustraciones, cuando no haya posibilidad de que se confundan con billetes auténticos". La fotografía del armario de Barbie la suponemos, como Barbie misma, propiedad de Mattel, y circula libremente en Internet. La fotografía del estupendo loro verde es propiedad de Luc Viatour, bajo licencia Creative Commons y ha sido obtenida en Wikipedia.







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